A diferencia de guardar el ajo en una bolsa o en un cajón cerrado, este contenedor de cerámica está pensado para que respire. La pieza no lleva esmalte y tiene orificios distribuidos en las paredes, lo que permite que circule el aire alrededor de los dientes de ajo: se mantienen firmes, sin secarse ni acumular humedad, que es justo lo que los echa a perder más rápido.
Tiene capacidad para unos 300 ml (suficientes cabezas de ajo para uso semanal en una cocina) y mide 8 x 8 cm, un tamaño que cabe cómodo en la barra o dentro de una alacena sin estorbar.
Es una pieza que cumple una función muy concreta en la cocina, pero que por su acabado natural en barro también se ve bien a la vista — no necesitas esconderla.
Ideal para: cocinas donde se cocina seguido con ajo fresco, organización de despensa, regalo para quien cocina.










